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21 Domingo

Hoy ha pasado algo que empeora, más aún si cabe, las cosas. Hugo sólo ha asesinado una vez en un mes y cuatro días aunque a mí me tiene muerto en vida. Todo el mundo cree que soy un maldito loco por meterme tan a fondo en este caso, incluída mi pequeña Elena que, hace tan sólo un par de horas, me ha llamado desde casa de su hermana. Por si fuera poco, García me ha insinuado la posibilidad forzosa de asignarme un compañero con el fin de que abandone "esta locura".

No entiendo por qué a nadie parece importarle este asesinato. Ha muerto una persona, se supone que nuestro trabajo es evitar que esas cosas pasen y, en caso de que pasen, encerrar al culpable, ¿no? Y además no es un asesinato corriente y eso lo sabe cualquiera de este departamento. He visto muchos crímenes, muchos cadáveres, horrores que nadie puede siquiera imaginar... Los más bajos instintos del hombre salen a la luz cuando éste comete un homicidio, cuanto más salen si además se ensaña y hay una premeditación clara... ¡Joder, hay una puta bestia suelta y sólo yo estoy dispuesto a darle caza!

Ha llegado el momento de abrir otra botella de bourbon.


**************

- Hola, soy Javier, pero todo el mundo me llama Mendoza.

Traté de sonar lo más amable que pude, pero aquel cabronazo sólo levantó un poco la cabeza y me dijo: "Siéntate ahí, Javi." Estuve allí sentado unos veinte minutos mirando cómo leía unos papeles mientras se bebía un vaso de bourbon barato tras otro hasta que, por fin, se decidió a hablarme.

- Mira Javi, te voy a...
- Mendoza, por favor -dije cortándole-.
- Mira Mendoza -continuó con cierto retintín-, te voy a hablar muy claro. NO quiero un compañero, NO he pedido la ayuda de nadie y menos la de un novato, así que pídele a García un cambio de compañero.
- Vaya, parece que es cierto lo que me habían dicho. Este caso te ha jodido bien. Mírate en esa foto, tan contento con la que presupongo que es tu mujer, mira tus condecoraciones y mira tu puto despacho enorme... Mírate ahora, no eres más que un puto amargado con la camisa sucia, barba de tres días y que apesta a alcohol.
- ¿Algo más?
- Sí. ¿Cómo es posible que un hombre con tus años de experiencia lo haya tirado todo por la borda por culpa del asesinato de una puta?
- Porque es el primero de la serie de asesinatos más brutal que esta ciudad haya vivido.
- ¿Qué? Definitivamente te has vuelto loco.
- Sí, estoy loco. Así que ya sabes, pídele el puto cambio de compañero a García.
- No sé por qué no te dejas ayudar.
- Nadie entiende nada, a veces ni siquiera yo, pero necesito... -hizo una pausa como si estuviera buscando la palabra exacta- atrapar a Hugo.
- Pero no tenemos nada. No hay ni una sola pista.
- La habrá, estoy seguro.

De repente sonó el teléfono. Lo cogió. Pude ver en la cara de aquel desagradecido una mezcla de alivio y de culpa. Colgó y salió corriendo del despacho tan rápido que casi no me había levantado de la silla cuando él ya había salido de la habitación. Salí a la carrera por los pasillos detrás de él.

- ¿Qué pasa? -le grité.

Desapareció por la puerta que da a las escaleras, le seguí aunque me sacaba bastante distancia.

- ¡¿Qué coño ha pasado?! -le grité por el hueco de las escaleras mientras le veía bajar a toda prisa dos pisos por debajo de mí.

Atravesó otra puerta y cuando la atrevesé yo, sólo tuve tiempo de ver como un coche salía del garaje a toda velocidad.

29 Días Más

He pasado las noches de la última semana recorriendo las zonas de prostitución de toda la ciudad preguntando por la chica que Hugo destrozó. Nadie sabe nada, nadie la conocía, nadie la recuerda, aunque claro, tampoco es que la foto facilite que se la reconozca teniendo en cuenta como la dejó ese hijo de puta.

No puedo rendirme, pero no sé qué hacer. No tenemos nada de ese enfermo excepto la nota, escrita con una pluma estilográfica y con una tinta de lo más normal, así como una colilla que ni siquiera podemos demostrar que tenga realmente algo que ver con el crimen. No ha dejado ni una sola huella, no podemos relacionar los cortes y las heridas de la víctima con ningún arma especial, el ADN de la colilla no se relaciona con ningún otro en nuestra base de datos y respecto a la chica, más de lo mismo, sus huellas no aparecen en el AFIS, su ADN no casa con ninguno de nuestra base de datos... Parece el crimen perfecto, mata a una prostituta a la que nadie echa de menos y desaparece, quizás su único fallo es haberse topado conmigo.

Fuera del caso las cosas no van mucho mejor para mí. Mi dulce Elena no entiende por qué el asesinato de "una mísera puta a la que nadie recuerda" me afecta tanto. Nuestras discusiones son cada vez más fuertes, y eso que sólo nos hemos visto un total de seis días en el último mes. Llevo tres días sin verla y tengo miedo de volver a casa y que se haya ido. Realmente yo tampoco sé muy bien por qué este caso me ha atrapado tanto, he dejado que se convierta en algo personal.

16 Domingo

"Y con su lanza en ristre, cabalgó y cabalgó y cabalgó hasta extenuar a la pobre y sanguinolenta yegua. El jinete tuvo un acto a priori misericorde, se acercó a donde su montura yacía y lentamente desenfundó su espada. Una vez que la luna terminó de peinarse en su filo, ésta se abrió paso por la panza del animal. Cuidadosamente, nuestro héroe comenzó a tirar de las tripas y a cortarlas para después irlas guardando en pequeños tarros que ocultaba bajo su vestimenta. Por alguna maniática razón, también se las apañó para romperle los cascos en mil astillas y además le cortó las crines de tal manera que pudo ponérselas como una especie de peluca.

Hugo Montreaux"

Volví a guardar aquella maldita nota en el cajón. Ese hijo de puta veía una especie de poesía en lo que hacía. Violó y asesinó a aquella pobre chica, luego le hizo todo tipo de barbaridades al cadáver y dejó esa maldita nota. No tenemos manera de saber si la llevaba escrita o la escribió en el momento, pero yo estoy convencido de que la escribió allí mismo, probablemente mientras se fumaba el cigarrillo que encontramos. Me dan náuseas sólo de recordar la escena del crimen, no he visto en mi vida un cuerpo tan destrozado ni una cara de terror tan desencajada como la de aquella pobre muchacha.

El miedo, siempre es el miedo. Todos estos depravados impotentes disfrutan viendo el miedo en sus víctimas. Supongo que es normal quedarse paralizado, pero por una vez, me encantaría que alguien le pateara los cojones a esos hijos de puta, que se los patearan hasta hacerlos una papilla y se rieran después de su miedo.

Este caso me está haciendo polvo, he vuelto a beber, he vuelto al tabaco negro y casi no veo a Elena... He perdido la cuenta de las noches que llevo durmiendo en el despacho y he gastado más dinero en cafés que en comer, pero es que no puedo dejar que pase el tiempo y ese cabrón siga suelto, necesito atrapar a Hugo, necesito ver su cara entre rejas... ¡Necesito que esto acabe!

Esa nota... El muy hijo de puta se cree un héroe y además describe su modus operandi, me pone enfermo, se debe creer un genio. ¿Qué demonios hará con las tripas? Joder, no aguanto más, me voy a la calle a buscar a ese diablo.